Con cien cañones por banda viento en popa a toda vela La canción del pirata, José de Espronceda
Cierras los ojos y alzas el vuelo.
La inmensidad
del mar te envuelve en su silencio y te hace libre. El barco poco a poco
abandona su puerto y se adentra en ese azul eterno.
A tu espalda
gritos de entusiasmo y alegría certifican que este es el día, que llegó el
momento. Hombres, mujeres, ancianos y niños. Más altos, más bajos, morenos o
rubios. Cada uno con su propia historia y un mismo objetivo: llevar este barco
a su destino.
Abres los
ojos y tocas el cielo.
El calor del
nuevo día se refleja en tus pupilas y te hace suspirar. Tus mejillas duelen de
tanto estirar; pero tú apenas lo notas.
Te niegas a exiliar esa enorme sonrisa que pegada en tus labios se resiste a
desertar.
A tu espalda,
el movimiento empieza a hacerse latente. La tripulación emprende sus tareas y
tú sonríes más fuerte. Te sientes sobrecogido por una oleada de cariño,
entusiasmo y seguridad. Tu corazón se contrae sabedor de que , como ellos,
también harás todo lo posible para que el barco cumpla su objetivo.
Habrá
tormentas y ciclones, y el viento y las olas azotarán con fuerza vuestro navío.
Y sin embarco, será justo en ese momento, cuando trabajéis codo con codo,
cuando os ayudéis unos a otros, cuando cumpliréis vuestro objetivo.
Quizá el
barco vuelque, quizá haya imprevistos. Quizá haya que cambiar el recorrido;
desviarse de la ruta y atracar en otro puerto que no el previsto.
Pero, a pesar
de todo, y sea cual sea vuestro destino, hay una cosa muy cierta: el barco está
en tus manos, tu gente confía en ti y tú lucharás contra marea para cumplirlo.
Suspiras
profundamente y abres tu cuaderno de bitácora:
Día 1:
El barco suelta amarras y sale de puerto.
Yo como capitán me comprometo con ilusión a hacer
todo lo posible para cumplir
este proyecto.
(pipipipiiii) ¡Maldito despertador! ¡Calla ya! (silencio y respiración pausada)
-¡Silvia son menos cuarto!
¡¡Ahhhh corre Pepe!! -Sal a la calle ¡El buss!! ¡corre, corre corre! (...) lo perdí. Bueno, pues me espero al siguiente; joder qué frío hace (20min después) llega el bus urbano -¡Mira llego a tiempo, está ahí el de la uni! (se va) Ah, pues no. Al siguiente será.
(1h después) Llega a clase -¿Y esto cómo pijos se monta? -Pasa los hilos; no, sácalos que hay que cortarlos; ahora cuadra el paralex, venga pero para hoy... ¡¡bien, lo conseguimos!! vale y ahora e dibujo. ¿Cómo se hace? Ni idea. Pues vale.... Una línea por aquí, otra por allá ... esto menos de pérgola tiene forma de todo. Voy a darme un paseo. Anda mira, el de esa se parece más a la pérgola que el mío. Venga voy a intentarlo.
-¡Hay que entregar ya!
-¿QUÉÉÉÉ? ¡PERO SI NI HE EMPEZADO!
-Pues lo entregáis como esté.
Vale, pero el cero que me lo ponga con compás ;)
Ufff por fín se ha acabado esa clase, en la siguiente seguro que me va mejor.
-Mira Silvia, el chico que está delante de ti es bastante mono.
-¿¿QUIÉN ESTE?? ¡¡QUÉ DICES PERO SI PARECE BASTANTE MAYOR!! BUENO, POR LO MENOS DE ESPALDA PARECE MAYOR.
-Hombre, mayor no sé, ahora sordo no tiene pinta de ser.
-Upsss.
¡¡Hora de comer!! Venga que la comida seguro que me arregla el día. (Sin incidentes) Bueno, pues ahora que estoy con el estómago lleno voy a ver si hago algo... uuuhh qué sueñoo... bah me voy ya a por el bus por si tarda en venir. Voy a sacar ya el dinero que después con todo no puedo... ¡mira ya está aquí! Uy qué corto que es este bus, ¿no?
-Disculpa ¿este es el 24?
-No, es el 34.
-¿¡Qué!? ¡Dioss pero este no era el que tenía que pillar!
-Pues yo ahora ya no puedo parar.
-Pues nada, así conozco Alicante.
Mira qué día tan bueno que hace: el sol me da en la espalda, los pajaritos cantan, las nubes se levantan... y yo no escucho nada por culpa de los putos coches... en fin.
-¿Señora, usted sabe por dónde se va a RENFE?
-Sí mira, sigue recto por la avenida y al final giras a la izquierda.
-Ah vale, muchas gracias. Chico qué paseillo más bueno... desde luego despertarme me voy a despertar bien.
-José, oye que llego un poco tarde... No, nada, sólo estoy dándome una vuelta por Alicante, que me apetecía conocer nuevos mundos.
-Ah pues nada, cuando llegues avisa.
(10 minutos más tarde de lo previsto, y habiendo salido de la uni con media hora de antelación, Silvia llega al lugar citado) Hala venga, vamos a conducir un rato, que ya sí que sí, me tiene que ir bien.
-En la siguiente, gire a la izquierda... ¡Esa no, la otra izquierda!
-¡¿Pero no me has dicho en la siguiente?!
-¿Y la siguiente no es esta de aquí?
- ¡No hombre! Yo estaba buscando la otra siguiente.
-Bueno vale, pero ahí había un stop.
-Pero si lo he hecho. Lo que pasa es que no veía, y cuando me he adelantado para ver mejor y he visto que venía un coche de lejos he tirado.... que si no no me daba tiempo.
-¬¬"
-¡Frena, frena, frena! (tocotoco...silencio)
-¡He frenado!
- Ya, ¿y el embrague?
-Bueno, eso ya lo dejo pa que lo pises tú, no voy a hacerte yo todo el trabajo.
-Venga, ábrete más para tomar la curva.
-Pero si no puedo, está la moto esta.
-Sí que puedes, frenafrenafrena (puuuum) Sí, y ese era nuestro tapacubos.
Ay dios mío...
-Bueno venga, que lo que queda de clase sí que voy a conducir bien, que ya me toca.
-¡A ver si es verdad! ¬¬"
(Sin incidencias, llego a casa)
-Cariño, ¿qué tal ha ido el día?
-Bueno... Mamá, esta semana me va a ir como la seda.
-¿Y eso?
-Porque todo lo malo que me tenía que pasar esta semana, me ha pasado ya hoy; ahora sólo falta por venir lo bueno.
Se apoyó en la ventana y con los ojos cerrados dejó que el
olor a pureza y humedad le llenara los pulmones. Fuera llovía. Pequeñas
gotitas caían del cielo confundiéndose con las que brotaban de su lagrimal.
¿Cómo habían cambiado tanto las cosas? ¿Cuándo se había
convertido la lluvia en simple vapor condensado que cae por gravedad?
Un frío intenso le recorrió la columna vertebral. Un viento
helado que sin salir de ningún lado le caló hasta la médula espinal. Sus
dientes castañeaban, su mejilla se inundaba y sus ojos habían olvidado
parpadear. Y sin embargo ella no se inmutaba. Estaba concentrada en una gota
que poco a poco se deslizaba por el cristal.
Tan libre, tan voluble, tan hermosa…
La gota se transformaba sin cesar. Podía encontrarle tantas
formas…
Sin querer, o quizá deseándolo más que nada, se encontró
sumergida en sus recuerdos; en todos aquellos cambios mágicos que, como la gota
y el cristal, habían vivido juntos.
Recordó un tiempo de castañas, libros, fotos e idiomas que
inventar. Recordó cajas, aventuras, velas y tartas que no se podían cortar.
Recordó conjuros de bombones que todas las lágrimas en carcajadas podían
transformar.
Recordó tantas y tantas anécdotas… tantos instantes felices;
tantos momentos que, aun siendo menos alegres, siempre acababan con sonrisas;
tantas veces viendo la lluvia a distancia y dejando su sonido y olor los
conectara…
Y sin embargo, por mucho que recordara, por mucho que lo
intentara y se esforzara, no llegaba a encontrar el momento en el que todo eso
había cambiado.
Escéptica, se llevó la mano a la mejilla donde aún notaba la
humedad.
-Te echo de menos Salsito- susurró, aunque nadie le oyó.
Porque hacía meses que no había nadie a su lado mirando la lluvia tras el
cristal. Porque el dulce olor a mojado sabía amargo en soledad.
Nervios, nervios y más nervios. Tres días, siete exámenes, diez horas y media, y una sola ilusión: que te dé la nota.
Es fácil agobiarse, temer el bloqueo, estar totalmente insegura e incluso hecha un flan. Es fácil caer en los repasos de última hora que no sirven para nada más que para pensar que no te sabes nada. Es fácil creer que todo este esfuerzo no te va a valer para nada.
Pero sobre todo, es fácil pensar en esa famosa frase "en Selectividad te juegas tu futuro". Darle tanta importancia a esa maldita nota, que se te acabe por olvidar lo más importante: hacer los exámenes lo mejor que puedas.
Porque Selectividad en realidad no es el futuro, Selectividad ES EL PRESENTE, es mi presente: aquel presente que tan lejano quedaba, ese presente por el que tanto me he esforzado y, sobre todo, este presente por el que tengo tanta ilusión.
No sé cómo me irán las cosas mañana, pasado o al otro, pero sea como fuere, lo que sí sé, es que son tres días para aprovechar y lucirte. Porque ya he llorado bastante para llegar hasta aquí. Ahora lo único que queda es demostrar lo bien que sé hacer las cosas, que para eso he perdido tantas horas estudiando.
Desde pequeños, a todos nos han dicho alguna vez eso de "el tiempo al final pone a cada uno en su lugar, y siempre te recompensa." Pero conforme vas creciendo, y la vida de va dando palos por doquier, esa frase acaba por hastiarte.
Llegan retos, caídas, golpes, reintentos y más fracasos. Llega el dolor de las injusticias, la impotencia, el agotamiento e incluso la desesperación.
Pero un buen día, te levantas, y ves que esa frase no era nada falaz, y que la vida, al final de cuentas, acaba por ser justa.
Y es que hoy, después de este maldito curso de MUERTE, de tantos nervios, de toda la presión acumulada, de las inyecciones de cafeína en vena para sobrevivir a las largas noches de estudio, de las "vueltecitas de tuerca" como llamaba mi madre a esa manía de exprimirnos al máximo, de las hijoputeces de los exámenes en los que al profesor le apetecía reírse un rato...
Después de ver cómo la mitad de temario de 2ºBAT ya lo sabíamos porque lo dimos el año pasado, y de sudar la gota gorda para asimilar la materia de primero de carrera que a modo de "favor" nos han metido, de ver que cuanto más dabas más te pedían...
Después de que, hace sólo una semana, llegara a clase por la mañana y se me saltaran las lágrimas sin más de pura impotencia; por el agotamiento físico, psicológico y moral; por la sensación de NO PUEDO MÁS; por las ganas de mandarlo todo a tomar por culo.
Hoy, después de todo, la vida me ha vuelto a demostrar, que todo es fuerzo tiene su recompensa, y que merece la pena vivir.
Hoy, después de todo, puedo decir bien alto que TENGO MATRÍCULA DE HONOR EN 2º DE BACHILLERATO, porque me ha costado sudor y lágrimas, porque me la he ganado, porque me he dejado la vida para conseguirla, y porque después de todo, valió la pena.
Con un suspiro, agotado, pasó otra página ya escrita. "Si
pudiese ahora mismo recordar con qué fin estoy perdiendo tanto
tiempo..." Miró por la ventana y vio cómo los primeros rayos de sol
despuntaban al alba. Otra noche de estudio y cafeína que acababa. Ocho horas
más perdidas entre páginas.
Con un suspiro, resignado, cogió el bolígrafo de nuevo. Aún habría de perder
bastantes horas más esa mañana.
Sabías lo que hacías, sabías que era tarde. Veías el peligro, pero decidiste arriesgarte.
-No creo que sea una buena idea acercarte a eso que arde.
-Lo que seguro que no es buena idea es alejarte por cobarde.
No escuchaste algún consejo que intentara concienciarte. Te acercaste ya sin miedo, no supiste controlarte. Prendiste la mecha e insensata te quedaste, a sabiendas que ese fuego, bien podría incinerarte.
Y la mecha llegó a su fin, ineludible era que estallara, inevitable que te hiriera.
Inevitable, sí; inexorable, quizá; indispensable, seguro.
Y explotó. Y todo comenzó de nuevo…
Porque de nuevo fue necesaria la intervención de ese gran maestro que te quemara y te reviviera a la vez. De nuevo suspiros, de nuevo latidos; de nuevo el tintinear de una aguja giratoria que anuncia el porvenir de quién sabe qué pasará. De nuevo espera, de nuevo silencio; de nuevo cenizas, de nuevo experiencia; de nuevo… tiempo.
Tiempo para reconstruir tu cuerpo, tiempo para salir del huevo. Tiempo para viajar a hacerle una visita al gran astro para que te sonría al iluminar tus lamentos; tiempo para mirarle a la cara, entregarle el pasado y devolverle el tierno gesto.
Y en definitiva, tiempo para mirarte al espejo con la cara levantada y gritar a voz alzada que ahora sí, todo ha comenzado de nuevo.
-¡Ey! ¿Qué haces?
-Miro.
-¿Miras? ¿Qué miras?
-Las nubes.
-¿Juegas a buscarles forma? Yo jugaba muchas veces a eso de pequeña.
-No, no creo que haya que buscarle nada. Son nubes, y ya tienen su propia forma, aunque a veces el viento las cambia tanto que es muy difícil saber cuál es la verdadera.
-Entonces, ¿tratas de buscarles la verdadera forma?
-Bueno, eso es lo que solía hacer antes, pero ahora… me he dado cuenta de que eso no es lo que importa.
-¿Y qué importa según tú?
-Importa lo que pueden hacer, y sobre todo, lo que nosotros no podemos hacer por evitarlo.
-No entiendo.
-Mira, ¿ves esa nube gris de ahí? Seguramente dentro de unas horas se acabe de poner negra y provoque una tormenta. Sin embargo esta mañana cuando me he levantado y he mirado por la ventana, era blanca y bonita; parecía que iba a traer esa lluvia pacífica que tanto necesitamos. Y aún ahora, cuando veo lo gris que está, me sigo preguntando si quizá no pueda derramar su agua poco a poco.
-Ya entiendo. Te dan miedo las tormentas.
-No, yo nunca he sido de esconderme debajo de las sábanas.
-Entonces, ¿por qué tanta obsesión con esa nube?
-Sólo pensaba… el otro día escuché que han inventado una especie de cohete que rompe las nubes e impide que las tormentas causen destrozos.
-Eso está ya desde hace tiempo, pero es sólo un mito urbano. Las nubes van a llegar quieras tú o no, y seguirá habiendo tormentas.
-¿Y qué? No importa que sea cierto o no. Lo importante es: si tuviéramos ese poder realmente ¿nos convendría usarlo?
-Supongo. Si podemos evitar los desperfectos…
-¿Seguro? Pongamos que sea cierto. Si pudiéramos romper las nubes deberíamos haberlo hecho esta mañana, cuando todavía era inofensiva; porque ahora mismo si rompiéramos esta nube gris caería toda el agua directamente y provocaría una inundación de todas formas, ¿no?
-Sí, supongo.
-Bien, pero si la hubiéramos roto esta mañana quizá habríamos perdido la oportunidad de que lloviera con calma, limpiara el ambiente y acabara con la sequía que tanto mal está haciendo.
-Entiendo. Quieres decir que te llama la atención lo imprevisibles que son las nubes.
-No, no entiendes nada. Lo que me llama la atención no es cómo sean, sino lo que pueden causar y lo mucho que las necesitamos, tanto para bien como para mal.
-¿Cómo van a ser necesarias las tormentas? ¿No viste lo que hizo la última inundación? ¿No viste lo árboles rotos por los rayos?
-Precisamente por eso. Es necesario que haya tormentas para recordarnos que al fin y al cabo seguimos siendo personas. Ni fuertes ni poderosas… sólo personas. Y que lo que nos hace grandes no es el creernos capaces de dominarlo todo, sino que nos apoyamos los unos con otros para arreglar los desperfectos causados por la tormenta. Eso, y nuestra capacidad para mirar al cielo de nuevo y alegrarnos cuando otra tierna nube aparece tras el horizonte. Porque quién sabe si esa será la que un día nos llueva.
Ven, acércate, quiero contarte algo:
Ayer vi cómo la lluvia caía hacia arriba y absorbía un gran relámpago. Ayer, la escurridiza y moldeable arena tomó la forma de un ave y se escapó galopando. Ayer, una rosa se marchitaba en mi rosal; mientras otro joven capullo apenas se atrevía a respirar.
Ayer... ayer pasaron tantas cosas por mi cabeza...
Porque ayer, después de todo, aquella tormenta detuvo a la arena y sepultó con ella a mi joven rosal. Porque ayer, sus feroces espinas se vieron inútiles ante un dolor que no pudieron soportar.
Y en un instante, un terremoto arrambló con el mundo, y mis ojos volvieron a paladear el amargo sabor de unas gotas saladas. Unas gotas que, pese a no ser vertidas, formaron un inmenso mar a mi alrededor.
Fue un momento eterno, en el que ni siquiera las palabras pudieron rescatarme de mi infierno. Fue una tarde de agosto congelada, como si estuviéramos en pleno invierno. Fue... no sé lo que fue, lo único que sé, es lo mucho que lo siento.
-Y entonces, aquel gran mago que todo lo podía, aquel capaz de transformarse en los animales más fuertes, feroces y valientes que puedas imaginar, dejó constancia de su gran secreto:
>>Por mucho que durante el día se caracterizara por toda esa braveza y grandilocuencia, al llegar la noche, la magia se revertía, produciéndose en él el efecto contrario, y convirtiéndolo en una pequeña florecilla tan frágil y vulnerable como la que más. Y no sólo eso, además, le resultaba imposible pedirle ayuda a los otros brujos del lugar, puesto que, acostumbrados a verlo en sus formas diurnas, tan impertérritas como autosuficientes; no se creerían jamás que, al perder las apariencias de la luz solar, el gran mago pudiera necesitar una mano amiga regara sus tiernos y débiles pétalos para aplacar la soledad.
>>Pues bien, esta fue la razón de su huída, el motivo por el que se marchó a la cueva en búsqueda de su integridad. Un desgarrador sentimiento que su corazón proclamaba a gritos, pero su boca se negaba a pronunciar.
-¿Y no podemos decirles nosotros a los brujos que el gran mago sólo necesita cariño de noche?
Sentir cómo después de tanto tiempo sobreviviendo entre espinas, silencios y lágrimas, te emocionas al cerrar los ojos cuando notas, que ahora la humedad de tus mejillas se debe a la risa; y que tu boca no puede hablar, ocupada como está en expulsar una enorme carcajada.
Mirarte al espejo, apreciar una enorme sonrisa y desear, que aunque sea por un instante, pudieras parar el mundo; que este momento durara un poco más de tiempo para poderlo degustar con más detenimiento.
Cuán hermosa esta sensación, la de vivir; la de disfrutar de la vida y ser feliz.
Tiene gracia.
Tiene gracia que hace sólo un año, en la conclusión de mi Trabajo Monográfico sobre la "El Camino hacia la Libertad de Expresión", yo criticara la indiferencia de la sociedad actual ante un sistema fraudulento y corrupto que no llega a ningún sitio.
Tiene gracia, y me alegro, de lo equivocada que estaba.
Porque ya iba siendo hora de despertar y buscar un futuro mejor. Ya iba siendo hora de dejar de decepcionar a todos aquellos revolucionarios que siglos atrás, lucharon por lo que tenemos hoy en día como normal, pero que entonces parecía tan imposible como es el cambio en la actualidad.
Porque todo cambio parece utópico, pero estoy segura que la evolución de la humanidad no se debe a otra cosa que a todos esos "imposibles" que dejaron de serlo gracias a gente que creyó en ellos.
Merece la pena luchar por el futuro. Merece la pena cambiar la historia. Merece la pena formar parte de algo que generaciones posteriores puedan recordar como "El inicio de una nueva era"
Merece la pena, y seguirá mereciéndola, siempre que este 15 M no se pierda.
...y que esta foto quede para los libros de historia del futuro, como la imagen de un gran comienzo
- Otra vez con lo mismo, ¿qué significa eso de nada y todo?
- No lo sé. Ya te he dicho que no lo tengo claro. Tengo miedo de todo lo que se cuece en mi cabeza… pero como sé que sólo está en mi interior, y que por lo tanto, no existe en realidad, no tengo miedo de nada, ¿comprendes?
- Más o menos. Y, ¿qué es eso que perturba tu cabecita?
- Una guerra… No, no es una guerra. Es la Guerra.
- ¿Qué diferencia hay?
- A ver, cómo explicarlo… La gente entiende las guerras por sus armas, por la muerte y el dolor. Pero en realidad, las guerras van mucho más allá. La verdadera guera no se libra con fuego ni disparos, se presta con ideas. Las ideas son los gérmenes más poderosos que puedan existir. Cuando uno de estos gérmenes es perjudicial y domina sobre los demás, es sólo cuestión de tiempo que la idea se expanda fuera de la cabeza, a la realidad, como una plaga que afecta a otros cerebros sanos. Ahí es cuando empieza una guerra tal y como todos las conocemos. Da igual el año, el lugar o el modo en el que tenga comienzo o final, la esencia es siempre la misma: ideas.
- ¿Y por qué tanto pensar ahora sobre las guerras?
-Porque en mi cabeza se está librando una. Sin querer – o quizá queriendo – he creado numerosos gérmenes de estos, todos ellos diferentes y antagónicos, que pugnan entre ellos por prevalecer sobre los demás. Algunos son aterradores, otros, quizás, sean algo mejores. El problema está en que ya no sé diferenciar los unos de los otros. He creado una guerra, y ahora debería luchar en ella; si sólo supiera el bando… Es difícil escoger cuando las múltiples partes beligerantes son pedacitos de uno mismo. Las guerras de por sí son complicadas, y me aterran, pero esto… simplemente me supera. Saber que yo soy mi peor enemigo, y que, a la vez, soy el único que me puede salvar.
- …
- Sabes, estoy pensando que, como toda guerra, esta debería tener un nombre que la identifique… Sí, creo que la llamaré locura.
Paso tras paso te ves avanzar lentamente entre la muchedumbre. Tú, contigo y a solas. Tú, contigo y tu burbuja.
-Continúe recto, no se atreva a cambiar.
Paso tras paso caminas sin rumbo entre toda esa gente que se mueve indistintamente. Tú, entre edificios y sombras. Tú, entre farolas y losas.
-Final de la manzana, semáforo en verde, puedes cruzar.
Paso tras paso notas que te mueves dejando esos desconocidos cuerpos sin rostro detrás. Personas insignificantes que son sin estar. Que son, porque existen, pero que te son sin igual.
-Cruce de calles, gire a la izquierda y prosiga su caminar.
Nuevo barrio, diferentes edificios pero el mismo contar: asfalto, semáforos, coches y marionetas que van. Nuevas vistas, mismo aire de la misma ciudad. Te es todo tan igual…
Sólo hay una pequeña diferencia. Algo desconocido que perturba toda esa vacuidad. Las calles se han empezado a estrechar. Tu burbuja se contrae. Te falta espacio. Ya no puedes respirar. Necesitas salir de ahí. Aprovechar el poco oxígeno que te queda antes de que sea demasiado tarde.
-¡Corre!
Tus piernas cobran vida propia contrayendo y estirando los músculos violentamente. Te duele, lo notas, pero te da igual. Tu cabeza da vueltas ante la incapacidad de procesar todo lo que tus ojos ven pasar de forma difusa por la velocidad, pero poco te importa eso ya. Tu corazón late a un ritmo vertiginoso y tus pulmones apenas alcanzan a respirar, pero a ti tanto te da. Porque voluntaria o involuntariamente, tu cuerpo ha pasado a ser irrelevante. Ahora lo único importante es escapar. Dejar atrás esa abominable ciudad que tantos buenos ratos te ha traído, pero que en estos momentos solo te consigue asfixiar.
Te alejaste de todo para empezar este paseo en solitario, y ahora sientes que ni siquiera eso es suficiente. Necesitas salir, y lo necesitas ya.
Continúas avanzando lo más rápido que tus piernas te permiten sin pararte a meditar. Porque sientes que ya nada importa, o al menos nada que no sea desertar.
Algo salpica tus piernas, gotas de barro que ahora adornan tu camal. Y es entonces cuando te percatas de que la ciudad ya quedó atrás. Los árboles sustituyeron los edificios y camuflan tus huellas al pasar. Pero sigue sin ser suficiente, necesitas ir más lejos, más profundo. Necesitas la verdad.
Abandonas la senda y te diriges a la boca de la cueva que te permitirá bajar. Siguiente capa de tu huída. Un nivel prácticamente inexplorado basado en la oscuridad. Un lugar donde no necesitas tu burbuja para respirar.
Te sumerges lentamente en las entrañas del planeta, donde se forja la realidad. Desciendes entre la soledad y la incertidumbre de esa taberna que te llevará hasta el final. Continúas con tu inmersión hasta el más profundo interior.
Entonces percibes una ligera claridad, y detienes tu caminar. Te paras, pues conoces lo que conlleva el llegar. Sabes, la luz viene de las llamas que contienen tu integridad. Eres plenamente consciente de que tienes a sólo unos pasos ese inmenso fuego donde se crea todo material.
Absorta, contemplas el resplandor amarillento que contiene la respuesta a aquello que te impulsó a viajar hasta donde ahora mismo estás. Comprendes perfectamente que sólo unos metros más allá encontrarás la respuesta a ese tormentoso interrogante que tanto te ha hecho temblar. Y sin embargo no te mueves. Tus gélidas piernas se encuentran petrificadas después de todo el esfuerzo por llegar. A sólo unos pasos de alcanzar tu objetivo, tu cuerpo se niega a avanzar.
-¿Por qué no sigues? Tienes ante ti la solución al gran misterio, ¿a qué esperas para resolverlo?
Primer día de instituto después de tres grandes semanas de VIDA. Cualquiera se deprimiría con "la vuelta al cole" y todo lo que conlleva. Cualquiera estaría cagandose en toh y anhelando las próximas vacaciones. Cualquiera desearía una semanita más. Cualquiera... cualquiera no tendría a Kim al lado.
Porque después de casi una semana sin verla, y aunque parezca que no, se echaban de menos sus piedras espontáneas y las risas y tonterías en clase mientras "els tres invàlids" (y cualquiera que se gire) nos miran con cara de pánico (o de mala hostia, si son profesores.)
Porque hoy, mi Sancha y yo hemos vuelto a perseguir molinos de viento imaginarios montadas en nuestros elegantes corceles invisibles, mientras todo ser viviente que pasara en ese momento por el pasillo del instituto nos miraba mal.
Porque las vacaciones han estado de putísima madre, pero en parte esto también se echaba de menos: las horas de risa silenciosa, las paridas de los profesores, los cambios de clase con escapadas por el pasillo, la espera de los recreos... Sí, en el fondo es agradable la vuelta a la rutina, sobretodo por la compañía que eso conlleva.
Porque este cartel hace honor a la página: CUANTA RAZÓN.
ANÉCDOTA DEL DÍA:
- Sabéis lo que hacían los adolescentes en mi época cuando se aburrían y no ligaban?
- Pajas.
- Jugar a tetris.
-Casi.
-Adri, mira a ver que Kim dice no se qué de que se hace pajas.
-¿Yo? Sí. A dos manos. Con mis dos penes.
Aparecieron los culpables. Esos locos psicópatas, asesinos de malos rollos, que me tuvieron en vilo ayer todo el día con la única finalidad de verme sonreír.
Aparecieron, sí. Llegaron las cinco menos cinco de la tarde, y me echaron a la calle obligándome a convertirme en una intrépida aventurera en busca de sus sueños, es decir, en en busca de la llave de la misteriosa caja. Y, como siempre, se mantuvieron en todo momento cerca de mí aunque yo no pudiera verlos.
Emprendí mi viaje en un camello sin patas hacia las islas Milán, para encontrar el preciado tesoro de Barba Ahorros. Viajé hasta el mismo corazón de Atlantis (aunque no en una cápsula submarina como estaba previsto) y rescaté la llave perdida en la mítica fuente de la eterna juventud. Me enfrenté a peligrosas sirenas de cola y bastón para rescatar el último de mis sobres, con pasaporte de regreso casa.
Siguiendo el camino de las estrellas, llegué a las puertas de la Caja de los Sueños, y con ayuda de la mágica llave hallada en la fuente de la eterna juventud, pude ver en su interior todos las barreras e impedimentos que siempre nos encontramos a la hora de buscar nuestros sueños.
Lejos de desistir en mi empeño, y gracias a otra de las pistas que cuidadosamente me habían ido dejando mis psicópatas duendecillos, encontré el valor de mirar en mi interior, dentro de mi reflejo, donde encontré las energías suficientes con las que cualquier persona sería capaz de llegar a la luna: un hermosos mural cuyo artífice dejaría escaso al mismo Miguel Ángel con el techo de la Capilla Sixtina. Enmarcado con las fotos de mis pequeños duendecillos, rezaba el último mensaje de mi travesía:
Cuando un candado te alicate el corazón,
cuando no sepas dónde ir,
cuando creas que no hay más soles para ti;
puedes mirarte al espejo y recordar
quiénes estarán siempre detrás de ti para recogerte
o delante para guiarte.
FELIZ CUMPLEAÑOS.
Abandonando esa cueva tan íntima donde acostumbro a pasar mis noches, me dirigí de camino a la mazmorra que aloja al monstruo de la Pequeña Pantalla, convertida en trinchera de mis psicópatas duendecillos, que, como siempre seguían al pie del cañón, dando guerra con las bombas de colores repletas de aire, prendiendo fuego a 17 mechas de colores sujetas por la más terrible dinamita que pueda existir contra el paladar, y cantando el honorable Himno del Cumpleaños.
De esta manera, a esta humilde servidora, ayer convertida en aventurera, no le quedó más remedio que deshacerse en carcajadas y exprimir hasta la última gota de risa de sus queridos duendecillos con inmensos abrazos que cortan hasta la respiración. Porque, joder, hablando claro, después de pasarme 5 horas en vilo, de recorrerme media ciudad, de soportar que la gente me mirara mal al agacharme a buscar sobres debajo de los columpios y las matas, de contar centimito a centimito el "Tesoro de Barba Ahorros" con el que se suponía que tenía que coger el autobús, de echarle más cara que espalda al asunto y pedirle a un dependiente de Kamome (una de las tiendas más pija que os podáis echar a la cara) que me dejara el palo de una escoba para conseguir una pista que muy amablemente me habían dejado en medio de una fuente, de hacer que una señora mayor se levantara de un banco porque tenía un sobre en el culo, y de pasear a mi hermana con la lengua fuera para que lo gravara todo; una se quedó sin palabras para agradecerles todo el esfuerzo que habían hecho, para convertir una caja en el mejor regalo del mundo.
El problema es, que dentro de la caja de los sueños, había otra caja un poco más pequeña, cerrada también con un par de candados, y los muy cabrones, lo único que me han dicho, es que ya encontraré las llaves.
Así que, como se podrá imaginar cualquier ser humano que lea esto -si es que lo lee alguien- la intrépida aventurera, después de estar toda la noche poniendo la casa patas arriba para encontrar las llavecitas, sigue de los nervios, muerta de ilusión y curiosidad por saber lo que se esconde en su interior, repitiéndose una y otra vez en su cabeza la famosa canción:
4 de enero a las 13:15... faltan 3 horas y media aún.
Miro por la ventana: el sol brilla pidiendo a gritos que salga a la calle a pasear y a dejar que me inunde de paz y calor con sus rayos.
Pero no, yo sigo aquí, delante de la pantalla, con la vista puesta en el reloj.
TIC-TAC TIC-TAC
El segundero avanza lento como él solo.
El canario de mi hermana me taladra los oídos con sus agudos pitidos. Aunque esta vez, y sin que sirva de precedente, no me molesta. Creo que ahora mismo todo me parece genial. Todo menos el reloj.
TIC-TAC TIC-TAC.
Los segundos van pasando, y con ellos los minutos. Sigue faltando demasiado tiempo.
Escucho unos pasos que se mueven por el pasillo. Será mi madre, o tal vez mi hermana. Vuelvo a mirar el reloj.
TIC-TAC TIC-TAC.
Muevo la funda de las gafas como si fuera una peonza. Parece la cosa más tonta del mundo, pero realmente hipnotiza. Miro de nuevo el reloj. Ya faltan dos minutos menos que la última vez.
Los nervios y la incertidumbre siguen revolviéndome el estómago. Los ojos se me van de nuevo al reloj.
TIC-TAC TIC-TAC.
Ya no sé a quién más llamar por teléfono para contarle lo que me ha pasado. He despertado a medio mundo para compartir mi ilusión.
"Ilusión" qué bien suena esa palabra.
TIC-TAC TIC-TAC.
Vuelvo a mirar el reloj, y me doy cuenta de que ya ha pasado un cuarto de hora desde que me senté delante de la pantalla a morderme las uñas por la intriga. Y sin embargo, por mi cabeza sólo pasan las dos benditas preguntas que llevan dando tumbos desde que abrí la puerta de mi casa a las doce de la mañana aproximadamente:
-¿A qué maldita mente criminal se le ocurre dejarme una caja cerrada en el felpudo con un sobre que me pide que no la abra hasta las 16:55?
-Y ¿qué narices habrá en esa caja?
Tiemblo de nervios por saberlo. Ilusión y miedo. Conociendo a los posibles artificieros, puedo esperar que salga cualquier cosa de ahí dentro. Y lo mejor de todo, es que me encanta.
"La nostra tasca és un triple trobar: trobar la idea trobar la imatge de les coses per a fer visible la idea trobar les paraules sonores i el ritme escaient per a fer més suggestiu allò que ja veus amb la ment"
-I jo que ja m'havia fet a la idea de què aquest llibre anava a ser un complet malson...